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Avenida de Mayo

Oculta la novela de H.P. en los pliegues del piloto negro bajo a la calle y el horror sobrevuela las montañas de la locura con alas de anfibio. Resistiendo el embate infernal de galernas impiadosas al pie de una muralla congelada por edades inmemoriales, doy vueltas en la nieve. Rodeado por el bullicio gradual que puebla la terraza del café despierto de sus visiones. El informe meteorológico retrajo este páramo silencioso, desértico. La tierra de la noche barrida tras un ceremonial insolente se extiende ante mí y la parada del 26 frente al parque será un punto tranquilo. Abro la petaca, fumo. Escucho el creciente rumor elevado de cánticos suplicantes morder las dormidas copas de los árboles, varios colectivos se alejan abarrotados de radiantes cargas invertidas, una retorcida lámina de Egon Schiele tiembla incómoda en el hall de un edificio aledaño. Bebo, fumo, bailo despacio, despiertan los espectros del parque y hago memoria. Recibo fantasmas de vetustos amigos desvanecidos como figuras de arena. Es suficiente. Levanto una mano, subo al 5 y bajo en Callao. Camino Avenida de Mayo hasta la puerta de un sucio hotel cruzando el Palacio Barolo. Acodado, sigo leyendo. "Avenida de Mayo" de Ariel ClericeHoy salí sin música y al principio fue raro pero escuché hablar al viento con los grillos y ahora oigo el descuidado murmullo de la gente entre las hojas. Llego. No permanezco más de dos, tres horas. Este sábado dejo flotando fugaz la intervención de un movimiento oscilante con How Soon Is Now? Estiro los brazos. Fools aparece al verme bloqueado por aquel acostumbrado vacío de no bailemos cerca del extraño. Comprueban a dónde llevo el tema y bajan las defensas reintegrando sus cuerpos distendidos. Los viernes soy un extranjero vestido de negro, pelo corto, recién afeitado, impecable, distante pero cerca, algo dispuesto. Sábado por la noche continúa la misma lluvia hasta llegar a las pistas donde giro tras giro con un vaso en la mano hago mi eclipse total de corazón. Antes de eso, más temprano, Emma. Comenté con Vanesa la idea de festejar nuestra Navidad a su vuelta de General Belgrano en enero. Lo comprende sin preguntas, al instante. Vane, mi B. F. F. Con ellos siempre risas, música, diálogo. Y la tormenta. Una tormenta espléndida revienta el cielo, esa opresiva cortina de tiza marina barre de las calles su violenta indiferencia medular. Botas aborcegadas, piloto corto a la rodilla y un paraguas de Cherburgo. Así camino Avenida de Mayo escuchando la blanca, fría, sonámbula voz de Catherine Deneuve. Junto a ella el resto palidece. Ah, Catherine. En algún lugar a salvo del olvido tu sonrisa breve, un talle de líneas anoréxicas, el abundante rubio demencial. Los ojos redondos, perfectos. ¿Cómo decirte adiós?. Bajo. Subo al escenario de mi columna habitual, bailo A Night Like This. Tranquilo. Pero sin el vaso y con menos alcohol en la sangre cuando pasan Never Let Me Down, combino rápido de cara a la pista distintos pasos en cadena hacia adelante, atrás, adelante, atrás. Nada fácil. La noche está llena de secretos.

 

Ariel Clerice

 

Avenida de Mayo. Ariel Clerice. Ascasubi Ediciones.2015

Arte de Tapa: Nacho Fernández Paupy

http://www.palabrasamarillas.blogspot.com

 

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