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Antes de la primavera

Y la clase no encuentra su cauce. Oscar en un indisimulado fastidio dice “eso está en el libro”. Esto ya lo toqué antes, parece salir de su fraseo. Palabra escrita, discurso que ya no le pertenece, el texto habla sólo. Sí, proyectar las escrituras del porvenir. Pero hoy, Oscar, no traje tu libro y quizás sería un buen pretexto para arrojárselo a alguno por la cabeza para terminar con la obviedad. Un acto de pureza algo retrógrada, pero plena de punkitud. Estamos hablando de rock y en el tedio deberíamos usar otro lenguaje. Prefiero las barricadas de la apatía de mis estudiantes.
En el intermedio me voy a fumar un cigarrillo con Nancy G. Lleva un vestido negro y rojo a cuadros con estilo y se lo digo. Arroja el humo y me contesta que se vistió a las apuradas. Pienso “no debería haberte dicho nada”. También pensaba preguntarle si había desayunado, pero iba a sonar agresivo. Hablamos de poesía y le digo que me siento cómodo en la crónica, la palabra poética…trato de explicar como un mimo espástico, haciendo señas con mis manos, dando entender aquello que sale de mi interior. No me entiende porque me pregunta si estoy pensando en la timidez de mostrar mis versos. No, no los tengo, por supuesto que no se lo digo. Ni decir que sensibilidad y vulnerabilidad ya dejaron de ser conceptos y que me resuenan como un mantra.

Acassuso, otoño del 2012. Foto de Victoria Lori.

Acassuso, otoño del 2012. Foto de Victoria Lori.

Por suerte veo la silueta de Fernando B., inconfundible con su gorra, entrando al patio de Púan con un libro en la mano. Casi una iconografía pop. Y nos vamos a tomar un tazón de café con leche por Pedro Goyena. Hablamos del amor, de las demandas de ternura, de silencios, de la emotividad en la escritura. Tiene una particular manera de abordar las cuestiones, una voz cansina, susurrada, con una cierta musicalidad. Hay que entrar en ese rodeo para llegar al concepto. Disfruto la charla. Mojo una galletita en el tazón, no se desarma ni me lleva al pasado. Enciendo un cigarrillo. No pasan autos y se siente la brisa de los árboles. El último fulgor de la tarde se refleja en la vidriera del bar.
Fer sonríe, supongo que sobran las palabras. Es el fin del otoño.

 

 

Buenos Aires, 6 de septiembre de 2015.

 

Pablo Moreno

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