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Sobre “Dylan en el desierto”, de Marco Castagna

 

“El cine será íntimo o no será”, dijo Trauffaut: si Dylan en el desierto quisiera ser película, sería parte de ese género introspectivo, testimonial, confesional y declaratorio.tapa DYLAN EN EL DESIERTO Marco Castagna

Del lado de todo lo que no es estilo, el libro se vertebra en la experiencia de la ciudad, o mejor, la mudanza, el traslado desde una llanura provinciana a una geografía urbana, suelo metropolitano en el que crecerán amores, comienzos, partidas, saberes o amistades. Se trata de una vivencia, por un lado, uniforme: empujada hacia adelante por el repertorio de los imperativos educativos –el fin de los estudios secundarios, el comienzo de la universidad y los cursos que diseñan la rutina; en otro sentido, disruptiva, porque Dylan en el desierto concentra dentro de sí tiempos alargados donde, como en un germinador, crecieron raíces que, trepando hasta el tope del frasco para respirar, se atoscaron en el algodón que a la vez les servía de protección. estas raíces son, de vuelta, variopintas, y no se dejan capturar en una sola forma o tema.

 

No Direction Home, pensó Scorsese sobre Dylan, que es también la deriva de Castagna en este texto (sin domicilio establecido, en la ruta o en la calle, o, mejor dicho, en la calle como en la ruta: viajando). El título de alguna manera lo anuncia y es un hecho: pueden encontrarse, en el poemario, reminiscencias de la filosofía de dylan, de ese pensamiento de la llegada –sin partida, o de la llegada partida, dividida por una pertenencia vacilante e insegura.

 

dylan en el desierto foto interiorEn el medio de todo, un registro intenso, matizado, lleno de modos y vagabundo. Si el desierto es el territorio de la deriva, donde no se advierte el límite o la frontera, está, entonces, indefinido, y es esta misma característica la de la voz de estos poemas: por definiciones, hay cortes abruptos; no hay establecimiento, sino quiebres sintácticos que coinciden con cambios de escenas y secuencias; en vez de tener títulos, los poemas se resisten a la nominalización y comienzan sin señales. El derrame descriptivo es cuidadoso, pero no premeditado, de manera que las cesuras pueden volverse un continuo, recordando la textura ondulada de las arenas del desierto.

 

Los judíos, buscando la tierra prometida, vagaron cuarenta años desde el escape de egipto; T. H. Lawrence, volviendo a buscar a un compañero amado, enloqueció entre las tormentas del desierto arábigo; Anne-Marie Schwarzenbach alucinó con ángeles redivivos en las arenas tórridas de persia. Dylan en el desierto comparte, con aquellos parajes, la privación, la ausencia de coordenadas y la fatiga de quien ha olvidado su brújula y no distingue en frente suyo más que un horizonte disuelto. El desierto de estos poemas no es climático o geográfico, pero, para atravesarlo, hace falta un turbante.

 
Nicolás Caresano

Para leer fragmentos de Dylan en el desierto, de Marco Castagna:

http://palabrasamarillas.blogspot.com.ar/2015/02/dylan-en-el-desierto-por-marco-castagna.html

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