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Informe sobre la caída de algo

"Informe sobre Moscú/Los pterodáctilos". José Sbarra

“Informe sobre Moscú/Los pterodáctilos”. José Sbarra

Algún atisbo todavía se guarda de la historia y del hombre en Informe sobre Moscú, de José Sbarra. Y de la prehistoria, en Los pterodáctilos. En el diario se asiste a la lectura de un sujeto que frente a la gran cultura humanista mira de reojo. Con sorna: desconfía. Se burla de los museos y de la literatura: “[en Leningrado] me llevan a conocer un convento del siglo nosécuánto”, enuncia con sarcasmo. Sbarra, el narrador, se mofa del cine y del teatro. Se aburre de ellos y para no aburrirse le mira el bulto a los actores. No deja aura, ni aurita en nada. Ni en pié: escribe acostado, desplomado, súper drogado, a veces, en un cuerpo que por efecto narcótico, o por desconsuelo, casi nunca se domina: “el opio no me deja dormir”, sostiene.

El texto exhibe las prácticas de un outsider, de un amante extranjero, homosexual, escritor -como todos, incluso, lógico- en un contexto de dominación híper masculina, falocéntrica, homofóbica, culta… podría seguir pero perdería la gracia, en este punto, el jueguito del poder decir… El narrador es un individuo que lo pone todo en cuestión, desde la noción de historia, retomo, hasta a sí mismo. Tras el artilugio de no entender, ni entenderse nunca –“te quiero y no entiendo nada de lo que nos ocurrió”- se suspende como sujeto en la escritura. Le hace espacio a las marcas de la vida en ella: “me dejaste viajar solamente para que lo entendiera”, le dice a su narratario. La Unión Soviética como telón de fondo y la tristeza, la desolación; la caída de todo: el derrumbe de lo soñado. De lo anhelado. Del amor y de la solidaridad: apenas un mes después de la fecha de conclusión del diario, en el epílogo: Buenos Aires, enero de 1991.

 

José Sbarra en Moscú

José Sbarra en Moscú

La soledad se vuelve dolor alegórico en el libro, si bien deslumbra desde la primera línea. Se padece dolorosamente en ambos textos. Tanto Informe sobre Moscú como Los pterodáctilos son textos de lucidez y de desconsuelo. Son reflexiones sobre el amor y sobre la imposibilidad de fusión entre los cuerpos amados: “récord de días sin sexo y sin amor”. Textos que trabajan sobre una belleza que es vista en la atracción de los cuerpos. Que se presenta de modo idealizado, sí, pero en una modulación inarmónica; impura: adoleciendo de un desarreglo que no se determina entre lo ontológico y lo histórico. El narrador la percibe en la posibilidad de unión bajo una impresión de trascendencia dada por un orden antediluviano, biológico, en el segundo texto. La soledad es vista como incompletitud, pérdida y silencio en una zona que, si bien no puede mirarse, se transforma en padecimiento. Afección pura.

 

La prosa es predominantemente paratáctica, en ciertas zonas, ultraclara, demasiado pulcra sintácticamente, pero se trata del ritmo de otro: de alguien que escribe muy bien y que extrañamente conmueve. De un sujeto que finge ser honesto hasta inmolarse: “La reunión no fue muy feliz. Los defraudé”, dice en una entrada.

 
Fernando Bonfiglio

José Sbarra. Informe sobre Moscú. Los pterodáctilos, Palabras Amarillas Ediciones (2013)

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