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Sobre Todos tienen su lucha, de Nicolás Moguilevsky

Todos tienen su lucha, Nicol+ís MoguilevskiDesde el epígrafe de Lorena Ludo (“porque no encontraba las palabras/ para decir lo que me pasa”) hasta el colofón, todo el libro está ilustrado y caligrafiado con el pulso autógrafo del autor. Es una delicadeza el trazo de sus dibujos irreverentes, prolijamente alocados. Irreverente, alocado y prolijo, Nicolás Moguilevsky tiene mano y le pone voz. Bocetea retazos atravesados, serpentea una historia sin ser pasada por la trituradora de la explicación. Se diría que el autor es un poeta que usa el plumín o la Rotring para profundizar un argumento sin resolver nada. Tramado en diálogos y dibujos, el libro devuelve un color de policial negro, un tufo de barrios bajos y lumpenaje, por fuera de todo clisé. El autor esquiva los protocolos de la presentación. Sus personajes tienen voz propia, arrastran una historia que cada lector tiene que reponer y hacer suya. Hay una visión imaginaria desplegada en pocas páginas, en pocos trazos.Todos tienen su lucha (2013)

Es posible que el libro tenga sus filiaciones, sus autores favoritos, su contexto de producción, pero Todos tienen su lucha está por encima de toda especulación o presuntuosa intención de presentar algo cerrado o programático. Es un libro que se abre entre los libros. O como anota Hugo Savino sobre los dibujos de Adriana Yoel: “Se saca de encima la arrogancia de nombrar”.

Queda resonando la pregnancia del título, su hallazgo e infinita significación. Todos tienen su lucha: los indios, los drogadictos, los farsantes, los aduladores, los egotistas, los que quieren y no pueden ser parte de la sociedad del espectáculo, los insinceros, los que se obnubilan escuchando hasta el más mínimo eco que los alude, los aburridos, los que sienten que no tienen el reconocimiento que creen merecer, las prostitutas, los sabios, los chorros, los suicidas, los parroquianos del Varela-Varelita. Todos.Todos tienen su lucha, de Nicol+ís Moguilevski

Esta finísima historieta –Todos tienen su lucha, La internacional argentina, 2013– expande un relato de la saga del Hotel Adrián. Los lectores de Un Faulduo quizás puedan apreciar mejor los matices de la trama. Son retazos urbanos de una metafísica sin manierismos ni cultivo del trazo perfecto, por las páginas las líneas se abren y van del relato de la pobreza y la necesidad como madre de todas las invenciones a la redención psicodélica. El virtuosismo de no necesitar un trazo convencionalmente aceptado para dibujar un poema. Una historia sobre el fastidio de la vida de hotel y las vidas de paso sin ningún miserabilismo mecanicista, una obra de arte que, como quería Robert Crumb, comunica y entretiene al mismo tiempo.

Javier Fernández

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