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Néstor Sánchez, escritor a ultranza

Que la mayoría de los hombres no apuesten con sus vidas o su creatividad no es culpa mía. Y da pie a obras aburridas y escritores aburridos.

Charles Bukowski, 1973.

 

 Ojo de rapiña. (Monólogos sobre una experiencia de escritura) es un libro que reúne diez textos incisivos de Néstor Sánchez. Elogio del apunte y del cuaderno de notas atravesado por preguntas, en contra de las normas anquilosantes de escritura, de la erudición castrada a consignas de los suplementos culteranos de periodistas universitarios recalcitrantes en sus convenciones esquemáticas. Ojo de rapiña es un largo elogio del cuaderno de notas sueltas y de las notas más o menos musicales de reflexión sobre la propia escritura. Notas marginales y por fuera de toda fiscalidad. Notas que una y otra vez vuelven a pensar en la escritura como un trabajo por fuera de todo kiosco. Sánchez vislumbra una estética y una ética en el cuaderno de notas: “cuando hablábamos de cuaderno de notas era con el propósito de generalizar una actitud de trabajo”.

 

Néstor Sanchez

Néstor Sanchez

Cita a Novalis: “Todos los acontecimientos de nuestra vida son materiales que podemos utilizar como más nos agrade. La vida del que tiene verdadero ingenio es realmente creadora. Para quien fuese ingenio absoluto toda relación, todo incidente se convertiría en el primer miembro de una serie infinita, en el principio de una novela sin fin.” Despejado, señala ese punto en donde la escritura puede volverse un instrumento de conocimiento del que escribe: “el libro (novela en este caso) como ciclo de vida que se cumple durante la escritura como historia respirada de un cambio o, en el mejor de los casos, de una transformación no obligadamente previsible al iniciar la primera frase de la primera página”.

 

El escándalo aparente que propone Néstor Sánchez en estos textos es que muestra “la total ausencia de relación entre un hombre que escribe y su propia vida en un sentido lato, aquí y ahora.” Despiadado en el retrato de obsecuentes plumíferos absorbidos en el “viejo equívoco de la palabra cultura”: “Antes que nada son ellos, son un manojo de hábitos inalterables, son fulano de tal que mientras tanto escribe, mientras la vida, la propia, sigue un curso independiente, ininteligible, con el noventa y pico por ciento de las preguntas a sí mismo contestadas por anticipado.” Sánchez propone “una actitud de vida” frente a la escritura. Por fuera de la “convención sin fin” y de las cantidades abismales de papel impreso que abundan y crecen día a día sin razón aparente de ser, reclama una postura frente a la escritura, en oposición al escritor-prestidigitador, “escondido detrás de una máquina de escribir”. Por una escritura del lado de la poesía, como “una voz que se busca a sí misma”. Lo contrario de una poesía como policía de poetas. Anota en uno de  estos textos: “Escribir, aunque nos cueste creerlo, seguirá siendo un acto solitario, casi inexplicable o mejor de bastante remota explicación.” Como dice en su conversación con Carlos Riccardo: “(…) siempre y cuando la escritura no sea solamente poemática sino que desmienta totalmente lo anecdótico, lo ficcional. (…) Uno, cuando escribe, está viviendo.” (El drama sin atenuantes)

 

Néstor Sanchez, 1969

Néstor Sanchez, 1969

El suyo es un pensamiento expansivo. “Si se acepta ser verdaderamente arte, si el lenguaje es, por lo tanto, un instrumento de conocimiento que se hace experiencia de vida; o, en su defecto, si se manejan las palabras como elementos de verificación y entonces toda aventura termina donde empiezan las pautas de cultura, toda página escrita corrobora e ilustra esas pautas.” Arenga hacia una nueva novela que llama anti-novela, libre-novela, contra-novela, abierta-novela, en contra de “esa recaída final en la alegoría, en el testimonio, en la parábola, en el chisme”. Anticipa algo en la novelística tradicional de pasatismo y complacencia en comercio con cierta estupidez académica, “de oficiante de algo metafísico desgarrado del mundo en vez de desgarrado de su cultura y de su pavoroso aburrimiento simplificador.”

 

Ahí donde dice que depende del hambre personal de sentido que uno tenga a la hora de escribir, en detrimento del “florecimiento de la crítica especializada, de las revistas especializadas, avidez editorial, generación espontánea y diálogo manifiesto”, Sánchez propone una manera de leer que sea una manera de vivir, de completar lo leído, de hacerlo uno en la propia vida. Quizás porque “(…) escribir, –como anota en otra de estas notas– antes que producir valores jerarquizados de consumo, es una forma de cuestionarse a uno mismo como vida, de cuestionar la vida de los otros.” La escritura poemática por la que aboga Sánchez, la busca de una voz propia, está lejísimos y por fuera de los protocolos predecibles de los defensores, matriculados o no, de la organización cultural y del aislamiento académico.

 

En tiempos en los que la electricidad del lenguaje pareciera no importar a nadie o perder interés delante de las pesquisas sociologizantes de la literatura, leer estos textos de Néstor Sánchez devuelve una inevitable reflexión sobre la fuerza del idioma. Pone en ridículo a los teorizadores del realismo que lucran desde claustros opresivos: “Estudiando y releyendo mucho los buenos autores desde Joyce para aquí, se me ocurre que el que necesita escribir cosas extensas puede encontrarse con algo parecido a un mazo de cartas cuya posibilidad de “mezcla” es bastante generosa.”

Ojo de rapiña, Ediciones La comarca Libros, 2013

Ojo de rapiña, Ediciones La comarca Libros, 2013

Néstor Sánchez imparte pedazos de un decálogo personal, declaración de principios y manifiesto de estilo propio: “no contar un historia o historias”; “no ficcionar por ilustrar una tesis o por ficcionar en sí”; “no admitir la puerilidad del «compromiso»”; “ni las convenciones del «escriba dios»”, Sánchez propone “una noción de novela como poesía abierta, como instrumento de conocimiento”. Percibe al lenguaje como “un medio de enfrentamiento del hombre –su transitoriedad– consigo mismo”. Ahí el desacato de Sánchez y su ética en la escritura. Muy diferente a los que declaman desacato desde el claustro estéril o el pasquín dominical que abroquela novedades del mundo del espectáculo: “hacerse divulgador por escrito, o titular de cátedra amenazada por el sentimiento inmediato del porvenir y por el tedio que implica toda convención hombre-que-supuestamente-sabe- frente al hombre-que-supuestamente-escucha-o-lee”. Son márgenes extremos los que propone Sánchez, pero nadie podría negar que no le pertenecen o que no los practicó a ultranza.

 

Javier Fernández

 

 

Néstor Sánchez: Ojo de rapiña. (Monólogos sobre una experiencia de escritura), ediciones La Comarca Libros (2013)

http://www.nestorsanchezescritor.com/

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