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Europa, 1918

                                                                                                                             para Laura Estrin

El joven oficial Jünger

Ernst Jünger (que en esos tiempos era un joven oficial) en la última gran ofensiva alemana en 1918 cuenta que en su portaplanos tenía el Tristram Shandy de Sterne:

 
Por una parte, estaba muy interesado en la situación táctica; en aquella época, había inventado, si se me permite decirlo, cierta forma de progresión en hacer que las diferentes secciones atacaran sucesivamente por oleadas…A intervalos regulares de una a dos horas leía a Sterne; y cosa sorprendente, esta lectura se grabó más profundamente en mi memoria que todo el desarrollo de los combates. Es decir, que la literatura es de hecho más importante para mí que la experiencia vivida, incluso concentrada hasta el extremo. Fui herido durante esa ofensiva y continúe mi lectura en el hospital militar. Hoy, todavía leo con gusto a Sterne. A su manera, es un escritor que lleva un diario.

En ese mismo año el joven Viktor Sklovski, clandestino en la Rusia revolucionaria relata en Viaje sentimental:

 
Es hermoso perder la propia personalidad, olvidar tu apellido, las costumbres, inventar un personaje cualquiera e identificarse con él .Si no fuese por la mesa de escribir y el trabajo nunca más hubiera sido Viktor Shklovski. Estaba escribiendo el libro Sobre la trama como manifestación del estilo. Me había traído los libros necesarios para las citas, cosidos en montoncitos de hojas sueltas. Tenía que escribir sobre el alfeizar de la ventana.

El joven Sklovski

En el mismo año, en una Europa convulsionada por la primera gran guerra y la revolución bolchevique, dos escritores más de las circunstancias, leen a Sterne, un escritor irlandés del siglo XVII. En ambos testimonios se relatan las condiciones en que esas lecturas se efectuaron. De Sklovski deducimos que leía en esos momentos a Sterne: esta en la teoría literaria que produce en esos años (escribe un libro sobre Sterne). Su propio Viaje sentimental puede leerse como una relectura del libro homónimo de Sterne, aunque presenta una tensión genérica fuera de lo común :crónica/memoria/novela en perpetua colisión.
Jünger toma de Sterne un sentido que el Tristram Shandy probablemente no tenía porque ve en Sterne a un escritor de diarios, lo que toma de Sterne es el carácter autobiográfico.
La pregunta que surge es pura especulación (y búsqueda de sentido) ¿por qué tanto Sklovski como Jünger leían a Sterne en ese mismo momento? O en todo caso la pregunta sería ¿qué tipo de lectura estaban efectuando?

 
Ambos escritores, jóvenes (no pasaban los 25 años), hicieron de la experiencia de lectura algo quizás mas fuerte que la propia vida y que probablemente los haya ayudado a sobrevivir. Sklovski trato de imponer su teoría novelesca y con el tiempo fue chocando con los parámetros del realismo socialista del régimen soviético. Difícil fue para Skolvski la exigencia de ser un intelectual timido, tibio. Sobrevivió, lo que no es poco, pensando en la suerte que corrió su familia. A Stalin le molestaba la”experiencia” (una manifestación de la individualidad) de aquellos que al teorizar sobre la literatura ponían el cuerpo y revelaban que ésta no podía ser tratada con parámetros. Jünger tuvo éxito como escritor, siguió siendo oficial, o al menos eso aparentaba ya que se consideraba a si mismo como “anarca”. La Alemania nazi jamás supo leer la alegoría que contenía Sobre los acantilados de mármol. Sus diarios nunca cayeron en manos no debidas. Fué expulsado de Paris (enviado al Cáucaso) mientras Europa se desangraba por segunda vez. Parece ser que a la oficialidad nazi le perturbaba un militar intelectual  codéandose con los artistas de la ciudad luz vestido de civil.  Aún así pudo volver a esa ciudad que tanto amaba. Algunos de sus compañeros de armas (Rommel entre ellos) fueron fusilados luego del fallido atentado contra Hitler.  La polémica en torno a su figura lo persiguió el resto de su vida.

 
Ambos escritores en su lectura de Sterne transformaron las intenciones que éste pudo haber tenido de su obra. Nunca podremos dilucidar cómo y qué leyeron en Sterne porque en el instante mismo que Sterne escribía ya estaba produciendo sentidos que iban a sucederse en otros sentidos y que por ende, el sentido original ya se iría perdiendo, porque la obra deviene en texto y por lo tanto es susceptible de ser interpretable, interminablemente. En otras palabras, las lecturas que suscitan pasiones (y porqué no: obsesiones) son las de aquellas obras que no sufren la erosión del tiempo. Las que resisten épocas, las que resisten traducciones.

Buenos Aires, 29 de febrero del 2012

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Un comentario el “Europa, 1918

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