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Isaak Bábel: un judío cabalgando entre cosacos

Ninguna aproximación teórica debe justificarse porque en ese acto se halla una debilidad. Esa debilidad puede ser una hipótesis endeble y, en el peor de los casos, esa hipótesis estaría acompañada por una escritura temerosa, sin una resistencia que legitime cualquier afirmación.
Apoyarse en un escritor para abordar la obra de otro presumiría pereza teórica. Es como si las palabras formuladas acerca de un escritor sean superfluas y la verdad solo es posible a través de la ortodoxia práctica de una fuente confiable.
Descansar sobre Bábel visto por Sklovski es establecer una norma. Dos disidentes hacen una fuerza de choque contra el orden impuesto, aunque podrían haber sido muchos más: Ajmatova, Bulgákov, Zamiatin, Pasternak, Mandelshtam, etc. Es decir los mejores escritores de la literatura rusa en el periodo soviético, aquellos que fueron silenciados en el mejor de los casos, deportados a campos de trabajo forzados, desaparecidos o fusilados. La vida de Bábel es la lucha por una identidad (judía), la libertad creativa y los privilegios que esta última dicotomía comprometen. La norma sería que la experimentación artística con la forma, que es un acto de libertad ideológica, constituye el resquebrajamiento de los cimientos de los estados totalitarios (una amenaza) y a su vez implica que la escritura era una profesión peligrosa dentro del proceso revolucionario ruso:

Siempre que queramos refrescar el recuerdo de la naturaleza y el poder del arte, bastará con que pensemos cuán exacta es la conciencia de esta naturaleza y poder tienen los gobiernos reaccionarios. No temen solo el contenido del arte, sino cuanta energía y autonomía entrañaban las cualidades estéticas de una obra. La intensidad, la ironía y la ambigüedad, por ejemplo, son clara amenaza a la insensibilidad estatal. Constituyen un secreto.( Lionel Trilling.. Del prólogo de Caballería Rusa )

Deberíamos reflexionar hoy en día este proceso. Flaco favor se le hace a la literatura si el escritor no se halla comprometido con la vida o, en otras palabras, arriesgando una definición, Literatura es aquella que hace la escritura una experiencia de vida.

Escribir mal en el realismo socialista

A partir del año 1932 se establece al “realismo socialista” como doctrina estética oficial en la Unión Soviética. Imaginemos la cantidad de obras y de artistas que quedaron fuera de esta doctrina. No es difícil conjeturar la escasa capacidad que le habrá quedado a un escritor, la trágica elección de cuales serían los materiales apropiados para crear una obra.
El 23 de agosto de 1934 (debería señalarse en el calendario como el Día del Escritor) Bábel ofreció un discurso memorable en el Congreso de Escritores Soviéticos en Moscú:

Isaak Bábel

Algunos lectores ingenuamente demandan del escritor: Muy bien, descríbeme. Y el escritor piensa Muy bien, haré esa descripción y la haré verdadera y honesta. Pero es suficiente. En una descripción de Iván Ivanovich debe haber una visión filosófica, un desfile de ideas. Porque sin ideas no puede haber literatura.
Respeto al lector. Yo sufro de hipertrofia de ese sentimiento. Respeto tanto al lector que enmudezco y quedo en silencio…
…El partido y el gobierno nos ha dado todo y solo nos han arrebatado un privilegio: el de escribir mal. Y ha de ser dicho francamente, sin falsa modestia: es un privilegio muy importante que nos ha sido arrebatado y nosotros nos aprovechamos de él. Y por eso, camaradas, declaremos todos juntos en este congreso de escritores: Renunciemos a ese viejo privilegio.

Babel por Sklovski o la condición de existencia de una obra realista

En 1924 regresó (Bábel) con dos libros: uno sobre el ejército y los cosacos.
Lo acusaban con frecuencia de preciosismo, romanticismo y biblismo y eso mismo yo le reproché.
Pero entonces, por última vez en la guerra, chocaron dos ejércitos: nuestro primer ejército de caballería cosaca y la caballería polaca.
Estas batallas de sables renovaron el romanticismo bélico y lo que escribió Babel era verdad…(Viktor Shklovski)

Viktor Sklovski

Preciosismo, romanticismo y biblismo. Quizás el problema perpetuo de la crítica y la teoría literaria sea la imperiosa necesidad de categorizar y de encorsetar en escuelas y tendencias.
Es por eso que “el privilegio de escribir mal” es la condición irrenunciable a que debe aspirar toda literatura. Nunca se puede prever los alcances de una prosa que en tiempo presente incomoda y provoca tensión. Es el efecto de algo que se esta produciendo en ese mismo instante. Un testimonio salido de su cauce normal. La forma mas común en este tipo de obras es la instantaneidad de la crónica o el relato periodístico. Pero ese carácter de instantaneidad muere y amarillea al día siguiente. Es solo un hecho precisado y fechado en el tiempo.
Sklovski tuvo que ver con sus propios ojos para certificar que aquello que narraba Bábel era verdad.
La dificultad indisoluble del realismo es establecer criterios verídicos.
Bábel no se pregunta como narrar una guerra. Caballería Roja es la guerra. Así como para Sklovski lo es Viaje sentimental o para Céline la guerra es un Viaje al fin de la noche. Los vastos murales de un conflicto bélico, la totalidad que compone la catástrofe del humanismo.
En todo caso, lo que difiere en todas estas obras, es la representación de la guerra. Una cuestión de velocidad narrativa. Velocidad desquiciada y demencial en Céline. Una voracidad que consume acontecimientos políticos, costumbres, lenguas, ideas y geografías en Sklovski (recordemos el leitmotiv que recorre a Viaje sentimental: la demanda de autos y choferes, el vértigo que produce el itinerario del narrador por dispersos frentes de batalla). Una sucesión de viñetas, en donde el horror no deja de acechar ni siquiera en los tiempos muertos, en Bábel. Una guerra absurda si nos figuramos un judío cabalgando con cosacos, lo que genera una épica desconcertante. Efectivamente estamos asistiendo al fin de una era, la última cabalgata del siglo XX:

Tuve ocasión de ver a Kolésnikov aquella misma tarde, un hora después que los polacos fueran aniquilados. Cabalgaba al frente de su brigada, solo, sobre un caballo bayo, y dormitaba. Su brazo derecho colgaba de un cabestrillo. A diez pasos, un cosaco a caballo llevaba la bandera desplegada. El escuadrón de cabeza entonaba unos cuplés indecentes. La brigada se extendía polvorienta e inacabable, como los carros campesinos. En la cola jadeaban fatigadas orquestas.
Aquella tarde, en el porte de Kolésnikov, vi. la autoritaria indiferencia de un kan tártaro, y reconocí la escuela del famoso Kniga, del voluntarioso Pavlichenko, del cautivador Savitski.

Sí, es cierto. Hay en Caballería Roja romanticismo y preciosismo. Están los últimos estertores de una guerra (abominable y espantosa) en donde todavía quedaba lugar para el heroísmo. Probablemente los cosacos eran mercenarios (de las filas del zarismo pasaron a la revolución, y luego fueron despachados) porque lo único que tenían en el mundo eran un caballo y un espacio ilimitado para ser cabalgado. Bábel confirma esa condición crepuscular del jinete cosaco en pequeños tratados de arte ecuestre:

El tormento que soporté de Argamak casi colmaba las medidas de las fuerzas humanas. Tijmólov había traído el caballo de Terek, de su casa. Estaba adiestrado para el trote cosaco y para la especial carrera cosaca: seca, furiosa, súbita. El paso de Argamak era largo, tendido, tozudo. Con aquel diabólico paso me hacía salir de las filas, me separaba del escuadrón, y yo, falto de sentido de la orientación, vagaba días enteros a la búsqueda de mi unidad…

La juventud y el fin de la ironía. La inevitable melancolía

Así perdimos a Jlébnikov. Esto me entristeció, porque Jlébnikov era una persona de trato suave, con un carácter semejante al mío. Era el único del escuadrón que disponía de un samovar. Los días de calma tomábamos juntos el ardiente té. Nos conmovían idénticas pasiones. Ambos considerábamos al mundo como un prado de mayo, como un prado por el que pasaban mujeres y caballos.

Una prosa exacta, lacónica, que no permite segundas lecturas. En la humildad del lenguaje habita la literatura.
El problema radica en ver ironía en donde existe ambigüedad. En el horror de Caballería Roja existe la superficie límpida de la melancolía. Como bien señala Sklovski muchos de los que escribieron sobre la revolución la temían y sus personajes eran gente modesta, tímida, acongojada.
Jamás puede haber ironía en esa mirada, porque no deja de ser la mirada de un joven contemplando sin temor un mundo chillón y viejo (Sklovski sic). La prosa lacónica de un carácter suave.

Azules caminos discurrían junto a mí como chorros de leche que brotasen de muchos pechos. Al volver a casa me horrorizaba la idea del encuentro con mi vecino Sídorov, que por las noches descarga sobre mí la peluda garra de su melancolía. Por fortuna, aquella noche de luna deshecha en leche, Sídorov no pronuncio una palabra…

En otro escritor una luna deshecha en leche hubiera caído en las fauces de la vulgaridad. En Bábel el fragmento contiene la exactitud pictórica de un estado de ánimo. Como en la iconografía cristiana pintada por pan Apolek., sus modelos son los hombres comunes, la gente de pueblo.
Una escritura sin ironía. Un abordaje sentimental sin caer en la sensiblería. Quizás Bábel nunca haya dejado de ser joven y esa escritura no logró marchitarse con los años. O el proceso haya sido a la inversa, como le ocurrió a Sklovski:

Así escribo ahora sobre Bábel; hace cuarenta años escribía de manera distinta: le quería, pero me daban miedo las palabras sin ironía.
La última vez que le vi fue en Yásnaya Polaina. Marchábamos juntos por una hierba corta, pero muy verde; la hierba cubría de densidad y suavidez el prado ancho, bajaba hasta el río, negro y estrecho, tras el cual se alzaba un verde soto…
Íbamos los dos por la hierba, y suave, ante nosotros, corría un río estrecho: era una línea trazada con un lápiz azul sobre un libro de contabilidad para escribir bajo la línea la palabra saldo.
No éramos aún viejos, corría el año 1937.

Aquel mundo era como una línea de saldo en un paisaje, un prado de mayo. Bábel desde su silencio auto impuesto que culminó con su desaparición nunca había dejado de ser joven. Ni en la tragedia, ni en la ausencia de su lenguaje.

Pablo Moreno

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