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Maldito maestro de escuela

La vida en las aulas

Entonces filmo la clase del viernes. Estoy filmando todo, así que pórtense bien. Leo, otra vez, el cuento breve de Oesterheld. Ahí están ellos. Ahora que veo la filmación hago un mejor análisis. Tal vez hasta los entienda. Lo veo a Paulo, gordito y risueño, sin malicia aparente. Ahí está Alexis, vestido como adulto, tiene un buzo con capucha, cara de aburrimiento o cansancio. Y Fabián, mi preferido, con expresión de nenito tierno que puede decir cosas graciosas, algo ingenuas pero a la vez inteligentes. La perspectiva también lo toma a Luciano que tiene un porte diferente al del resto; es más grande y está un poco en otra, pero no superado… calza su gorrita blanca dada vuelta y me mira desde su banco, una mano apoyada en su frente, cuando no tiene las dos manos sepultadas en sus bolsillos. Leo en voz alta. Se diría que grito. Rubén sigue con los ojos la lectura. Recuzzo dibuja. Fabián me dice algo y lo corto en seco: pará Fabián, pará flaquito, por favor, no interrumpas. Corro la cámara. Apunto a Rubén y a Recuzzo. Aquel le da unos golpecitos en el hombro a éste para que advierta que los estoy filmando. Recuzzo deja de dibujar y se tapa con la mano izquierda la cara. Chicos, ¿qué pasó acá?, ¿qué estamos diciendo? Mi pregunta es vana porque no encuentra el eco de respuesta alguna. Las paredes están descascaradas. El pizarrón tiene manchas de liquid paper. Es mi primera filmación y dura sólo un minuto. Entonces, aúllo, ¿qué es lo que dice el texto?, ¿qué es lo que hay en algún lugar de los vastos arenales de Marte? Los chicos se ríen. ¿De qué se ríen? Hago preguntas y contestan Alexis, Luciano y Fabián. Este, medio olfa, se pone de pie y me alcanza una hoja con algo escrito. Está muy bien, le digo, sentate y lo leemos. Pregunto: Chicos, hasta acá, ¿qué estamos viendo, el tema o el argumento? Paulo grita: el argumento. Muy bien, muy bien digo yo, un poco falsamente. El hilo argumental, o sea: lo que está contando. No filmo a María. Alexis se apoya sobre una de sus manos, con la postura del que se las sabe todas. Ahora, viéndolos, noto que me prestan atención, que tienen menos de 15 años en su mayoría, que van a la escuela, como todos, por la fuerza, que si por ellos fuera estarían en su casa jugando con la computadora o frente al televisor. Ahora siento que me oyen, que soy, no un referente para su pequeño mundo, pero cuando menos un estímulo. La persona que se planta delante del escritorio y el pizarrón, dentro de un aula, es un actor. ¿Qué clase de actor soy? Uno que habla a los gritos, nervioso y pareciera sobrarle entusiasmo y fervor por las palabras. ¿Un actor cómico, entonces? Sigo perorando. O sea, el cristal se va, como la juventud, que se va como agua de nuestras manos. Hoy ustedes tienen 12, 13, 14, 15 años, pero mañana tienen 20 y lo que a los 15 podían hacer… “Usted tiene 29 años”, me dice Fabián, “entonces después ya tiene 30”. Paulo le tira un papel a María y ésta me lo hace notar. Llamo la atención de Rojas: Paulito, Paulito, eso no, le digo. Todos se ríen. Hablamos de la palabra tema. Alexis, con su posición de chico aburrido, sigue la clase. Además, el pequeño texto que estoy leyendo no es lo mejor que les pasó en la vida. Es sólo una excusa para pensar algo juntos. Aunque no sea mucho. Hablamos de las propiedades del cristal del cuento. Recuzzo, sin dejar de dibujar, opina que el cristal del que se habla en Ciencia, es “todo mentira”. Sí, Recuzzo, la literatura miente, nos miente, pero hay verdad en sus mentiras. Quisiera decirle.

Aulas suburbanas

El segundo video dura 6 minutos y quizás ofrezca una mirada más justa de lo que es la clase. “No, profe, cómo va a grabar eso”. Recuzzo, estás haciendo dibujitos, te pido por favor que te pongas a trabajar. Y Recuzzo me muestra su dibujo con honradez y orgullo. Es una pistola. Escupe del otro lado de la hoja y la pega en la pared. Luciano dice: “mire profe, tiene un kilo de mocos, no sé si es una 9 o qué”. Pero, ¿quién soy yo para cercenar su creatividad? Recuzzo, vení acá, vení con tu carpeta. Con esa frase imbécil pronunciada por mí, termina la tercera filmación. Dura 52 segundos y no tiene mayores intrigas.
La última de las filmaciones lo muestra a Recuzzo durante el recreo dibujando uno de los bancos del aula. Después comprobaría que escribió: Sarmiento se tiró un pedo.

Recuzzo

–Yo te ayudo, pero vos tenés que trabajar. Dame tu carpeta y empezamos. –Recuzzo mueve la cabeza pendularmente diciéndome que no; no quiere darme su carpeta– Dale, ¿por qué te querés llevar la materia si es fácil no llevársela?, ¿qué te cuesta? Llevás una alegría a tu casa, hoy entrás y decís: mamá, me fue bien en la escuela. Ella se va a poner contenta. ¿Tanto te cuesta? Sólo tenés que prestar más atención durante la clase. Un poco, nada más.
–¿Qué me va a decir mi vieja a mí?
–Te va a ayudar.
–¿Por qué me filma?
–Porque soy un espía.

 

Ahí termina el último de mis videos. Dura sólo 46 segundos pero me parece uno de los mejores. El perfil de Recuzzo. Su improbable sinceridad.

 

Javier Fernández

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Un comentario el “Maldito maestro de escuela

  1. Excelente.
    Es veridico esto?

    Me gusta

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