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Réquiem para el canon

A la manera lituana

Jonas Mekas

Desde 1944 a 1955 Jonas Mekas, poeta y patriarca del cine experimental norteamericano, escribe un diario en que relata su exilio (junto a su hermano Adolfas) de Lituania por razones políticas. El hambre, los campos de trabajos forzados, los campos de refugiados, los trabajos en casas de familia a cambio de la comida diaria son las vicisitudes que se narran en el periplo europeo,  hasta recalar en forma definitiva en Nueva hacia 1949. Con el correr del tiempo la escritura será sustituida por el registro fílmico, otro lenguaje que reformulará sus diarios y que se cristalizará en las “home movies”. Pero lo que aquí nos interesa es lo que concierne a la educación literaria de Mekas, que será autodidacta.  Leerá todo texto con el que se tope, vorazmente:

 …hasta los veinte años no tengo recuerdo de que comíamos. Todo lo que recuerdo es que mi madre solía repetir: “A comer, ya basta de libros, por favor. Siempre frente a un libro. Hay que alimentarse mejor”.Si me preguntan que comían los lituanos no sabría responder.

A los 17 años es probable que hubiera leído todo lo que se habría escrito en lituano, incluidas las revistas y los diarios del pasado. Los había leído y los había memorizado todos…(Jonas Mekas, Ningún lugar a donde ir, Caja Negra Editora, Buenos Aires, 2008)

Las bibliotecas ajenas son devoradas por el joven Mekas. La de su hermano Povilas que reunía quinientos libros de literatura marxista y socialista. La de Valkiunas en la que puede hallarse Dumas, Hugo, Dickens, Julio Verne, Dostoievski, Gogol y Turgeniev. O la de otro vecino llamado Cigas en cuyos estantes podía encontrarse Sinclair Lewis, Bernard Shaw, Tolstoi y Huxley. Las bibliotecas serán el único equipaje que llevarán los Mekas en su huida forzosa. Y también serán abandonadas. La experiencia de lectura es lo que Mekas puede leer según las circunstancias, según los libros que se topen en su camino. Entonces la primacía de esta experiencia es estética. Aquellas lecturas que nos forman, que nos sumergen en el lenguaje, que nos hace balbucear en otro idioma, plenamente literario,  son fruto de la intuición de los acontecimientos que jalonan nuestras vidas. Aquí no hay ningún canon que contamine nuestra mirada virgen hacia esas primeras lecturas, vividas, rebosantes.

Vientos del tiempo

Jack Kerouac escribe En el camino en 1951 y será publicada en 1957. Gran parte de su obra esta escrita en los 50s, pero su efecto será devastador en la década entrante.  Paradoja del tiempo, la prosa espontánea de Kerouac que intenta remedar el fraseo del jazz (el bebop) será de importancia vital en la poética del folk-rock de los 60s, más precisamente en el cancionero de Bob Dylan (¿o habría que decir en la poesía?) pero el mundo de la narrativa de Kerouac es completamente diferente al “flower power” emergente, en una década norteamericana que experimenta cambios profundos, sufre su primera gran derrota bélica (Corea), y en donde el “american way of life” se resquebrajaría. Más afín es la imaginería de Burroughs con el trip de la época. Fuera de todo canon, la escritura beatnik irrumpe explosivamente en el panorama literario norteamericano y conforma las bases de la contracultura hippie, impulsado por una nueva crítica mas cercana al periodismo que a cualquier teoría literaria.

El nuevo periodismo norteamericano también termino desestabilizando los cimientos de la novela. La novela  non fiction consolidará aquello que había iniciado Capote con A sangre fría. La década es tan vertiginosa que se hace necesario producir otro registro, otro compromiso con los acontecimientos. Si la novela acepta sin reparos y sin traumas estos cambios, la teoría literaria norteamericana no aceptará tan gustosamente esta renovación.

La joven Sontag sonriendo en uno de los "screen tests" de Warhol

La insolencia de Susan Sontag no era su ataque contra la interpretación, sino que su gesto, juvenil y rebelde, era una cabecera de playa para la guerra que se avecinaba: el desembarco posestructural en tierra norteamericana, que abriría un gran abanico de estudios  (culturales y de género) que terminarán provocando un sismo en una academia norteamericana que no puede seguir siendo ciega al vértigo del tiempo. Una simple enumeración de acontecimientos bastan para asesinar de una vez por todas la supuesta autonomía de la literatura: Vietnam, la lucha por los derechos civiles, Stonewall, dos Kennedy asesinados, los misiles de octubre. Los 70s será el campo de batalla en donde el neoconservadurismo intentará recuperar posiciones perdidas. La conformación del canon literario será la fuerza de choque ante el embate de la teoría francesa. El mayo francés había dejado una clara enseñanza. Las instituciones universitarias pueden ser doblegadas por un movimiento estudiantil radicalizado.

Directos de derecha

 Por entonces estaba todo lleno de soldados disparando a los civiles así que conseguimos unos uniformes de la Guerra Civil y nos unimos a una de las potencias en conflicto.

William Burroughs. La maquina blanda

La marcha sobre el Pentágono en 1967, célebre imagen de Bernie Boston

La marcha pacifista sobre el Pentágono en 1967 que Norman Mailer narra en Los ejércitos de la noche constituye la amalgama de todo el arco contracultural a lo que tanto temía la academia norteamericana. En la protesta confluían la izquierda radicalizada, los hippies, los movimientos feministas, el poder negro e intelectuales de la talla de Noam Chomsky. La activa participación de los estudiantes que entregaron sus cartillas de reclutamiento y su experiencia radical en los movimientos políticos de la época, terminaron conformando los nuevos planes de estudio a la que la universidad norteamericana se vio obligada a transigir. Paul de Man y Derrida ya se habían encontrado en el año 1966 en la universidad de Hopkins y la deconstrucción hacia estragos en Yale. Ahora todo gesto de rebeldía es ahogado por la academia norteamericana al apropiarse  las ideas que llegan de Francia. Los estudios culturales acaparan un mayor espacio frente a los departamentos de lengua inglesa. La protesta estudiantil es luego reprimida a los tiros por la guardia nacional de la universidad de Kent en 1970. Estando Nixon en el poder, el auge neoconservador hallará eco en los claustros académicos.

La masacre de la Universidad de Kent

La conformación del canon occidental por parte de Bloom  no sólo señalará aquello que debe leerse,  sino también delimitará las fronteras ante la invasión francesa. Bloom denomina a esta invasión como la “escuela del resentimiento” siendo sus blancos predilectos Foucualt y Barthes. Y a todo esto ¿para qué sirve un canon? Ante la falta de sustancialidad de la teoría literaria norteamericana Bloom edifica un canon regido por Shakespeare. En última instancia lo que se defiende es la lengua inglesa y el pensamiento occidental. Toda la literatura occidental sufre la influencia de Shakespeare y poner en juego las influencias desestima cualquier instancia ideológica que produce una obra porque sólo tiene valor el aspecto estético. El otro parámetro de Bloom es el concepto de originalidad, lo cual impide pensar a literatura en términos de evolución como sostiene el formalismo ruso. No es un hecho que puede ser soslayado porque evitando la correlación entre una serie social y una serie literaria evita el acontecimiento lingüístico de la literatura.  Pero sería injusto acusar de conservadurismo a secas a Bloom. Su gesto lo define mas nítidamente como un aristócrata que siente que todo tiempo pasado fue mejor.  Un aristócrata que necesita releer a Milton en soledad, en la calma de New Haven. Nuestro Eugenio Cambaceres fue sincero y certero cuando confesó en Potpurrí: Vivo de mis rentas y nada tengo que hacer. Echo los ojos por matar el tiempo y escribo. No necesitó de una guerra académica para disfrutar de su posición.

Frank Kermode desde Cambridge también levantó las trincheras de su departamento en defensa de un canon. La definición sincera y brutal de que toda interpretación crítica debe ser avalada por los profesores más antiguos pone en evidencia que una teoría brillante puede ser sepultada por la arbitrariedad de quién ejerce el poder institucional. Cuando un intelectual emplea la palabra consenso es el momento en que hay que mirar a los márgenes de la institución académica. Toda teoría nueva sólo puede ser aprobada en la academia a través de un desmesurado apoyo de la crítica (particularmente la periodística) literaria, y por un fuerte espaldarazo de políticas universitarias que consideren que esa teoría (o un escritor, o una obra) puede ser susceptible de ser recepcionado por la institución. Mignolo mismo aboga por una conformación de un canon literario latinoamericano. Todo canon legitimiza su existencia que se materializa en un departamento de estudios. Y resulta penoso este gesto porque manifiesta el comportamiento de un colonizado (latinoamericano) por las políticas universitarias norteamericanas ¿es necesario un canon latinoamericano aun a sabiendas de qué la cultura hispanoamericana es un dique roto cuyas aguas esta acaparando toda la vida y la cultura norteamericana?

Lo cual nos lleva a la conclusión de que la constitución del canon literario no sólo ilustra las luchas de poder en la academia norteamericana, revela algo más abyecto: el interés  económico. No están en juego las teorías literarias, lo que esta operando son las relaciones de poder en el seno de la institución literaria, en una lógica darwinista. Toda teoría que deja de existir implica la desaparición de algún departamento de estudios. Ningún escritor necesita ser protegido en las paredes de un canon. No es un monolito que se erosiona con el tiempo, aunque puede desaparecer, porque quizás su obra ya no produce nada (ni emoción, ni irritación)  y por lo tanto carece de lectores. Los escritores que perduran es porque su obra generan nuevas interpretaciones, nuevos lectores. Algo en la escritura siempre trasciende su época, aunque el sentido de la obra se haya desvanecido. La utopía (y el objeto) de la crítica es resolver ese enigma, lejos de todo canon, lejos de toda institución normalizadora. Entonces la lectura volverá a esa etapa primitiva, cuando no nos preguntábamos tan imperativamente acerca de la especificidad literaria de lo que estábamos leyendo

Pablo Moreno

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2 comentarios el “Réquiem para el canon

  1. Venía a dejarte una cita que humildemente considero hermosa y habla sobre la esquiva especificidad de la literatura o tal vez del lenguaje o tal vez de la vida misma, por supuesto es de Barthes:
    En cada signo duerme este monstruo: el estereotipo; nunca puedo hablar más que recogiendo lo que se arrastra en la lengua. A partir del momento en que enuncio algo… soy simultáneamente amo y esclavo.
    En la lengua, pues, servilismo y poder se confunden ineluctablemente…. a nosotros, que no somos ni caballeros de la fe, ni superhombres, sólo nos resta, si puedo decirlo, hacer trampas con la lengua, hacerle trampas a la lengua. A esta fullería saludable, a esta esquiva y magnífica engañifa que permite escuchar a la lengua fuera del poder, en el esplendor de una revolución permanente del lenguaje, por mi parte yo la llamo: literatura.
    Saludos!

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