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Lecciones de literatura norteamericana. 1ra lección: afirmación del individuo.

La tarde es húmeda. Costa Picazo acaba de hablar (la voz metalizada por el micrófono, monocorde) en el teórico. Cabeceo varias veces. Hace calor. El titular de la cátedra dice:
–“Estuve hablando durante una hora y cuarenta sin parar y nadie me hace una pregunta”.
Íntimamente me solidarizo con su desazón. Al fin de cuentas, estamos en el segundo milenio y el tipo hizo una traducción anotada de Moby Dick. Una empresa fenomenal, casi disparatada, norteamericana.
Yo tenía ganas de decirle (a los gritos):
–“¡Moby Dick! ¡La gran ballena es la gran novela norteamericana!”. Una obviedad. El germen de la desmesura, la ambición, la extensión es el peso de una novela que extendió su virus en toda la narrativa norteamericana. Melville estaba loco y contagió a las generaciones venideras. De Melville en adelante, toda novela norteamericana mide su valor y su peso de acuerdo a la exageración, sólo se permiten mamotretos que combinen genialidad con futilidad. Aquí comienza la locura. Las gemas (las páginas) habrá que rastrearlas, siempre habrá sobras.
Los restos de una novela (de la gran novela). En ello reside el placer. Visiones de Cody (Kerouac) me proporcionaba (hablo en pasado, perdí el libro) toda la furia de la prosa beatnik (¿Kerouac fue el único beatnik?) con el tedio. Me pasa lo mismo cuando escucho jazz. En la frase que vuelve estoy feliz, en la desvirtuación de esa frase me alejo.
Todo esto no lo dije. La tarde se tornaba pesada. Miro por la ventana del aula. Un silencio de Cage.

Henry Miller

Luego viene el momento fundacional de la imbecilidad. El trabajo grupal. Me pregunto qué resorte le falló a la “academia” para obligar a realizar estos tristes aportes. Yo (este yo no es casual, esto es una lección de literatura norteamericana) sé cómo respira una escritura. Yo sé lo que calla y lo que habla. Nadie aporta nada. Escribo. Todas mis ideas son rebotadas. Me dicen que afirmo mis ideas con mucha vehemencia (no recuerdo que alguien haya usado este término). Les contesto que esto es literatura, que es el único momento en que pueden tener vuelo. No les digo que hace casi 30 años que leo literatura norteamericana, que no les permito que me censuren. Me vuelvo arrogante. A los 15 años leí todo Henry Miller (creo que quedó en el tintero Moloch, fallaba la voz de Miller porque faltaba la primera persona, y esto es literatura norteamericana).

Recorrí toda esta literatura con mapas. No se puede leer de otra manera porque hay caminos, rutas, distintos climas, se construye en el viaje. Y esos motivos: salir del hogar, fugar, quebrar la institución, quebrar la familia, materializaban el coraje que (yo) no tenía (y que me falta). Nunca me atreví a la encrucijada del camino. Y nunca dejé de admirar ese gesto.
Aun me falta viajar por otras escrituras. James quiero leerlo en bloque (la culpa la tienen los prefacios). Thomas Wolfe es una región de incógnitas y Faulkner… Faulkner no me deja avanzar a una segunda frase, algo me estoy perdiendo, el sur profundo me da calor. Voy a culpar a Onetti (quién no lo culpó).
Estoy en el bar con el grupo de trabajo. Les digo: “en Melville la experiencia es escritura”. Ahora que lo pienso, toda la escritura que me conmueve parte de esta premisa. Refiriéndose a Emerson (un pelmazo, un demócrata de pacotilla del cual D. H. Lawrence se ríe en demasía y que si no me equivoco siempre lo cita Grondona), Melville dice: A alguien que ha doblado el Cabo de Hornos como marino, qué le importa todo esto. Literatura. La vida misma como materia prima siempre termina en literatura. Y digo literatura. No estoy diciendo “boludeces del yo”.
Me piden que diga algo más. Y dejo de emitir palabras. Preferiría no hacerlo.


En realidad me gustaría descargar toda mi ira rompiendo el asiento sobre la mesa. Esto es una lección de literatura norteamericana, quizás lo entiendan. Me afirmo como individuo y debería atacar la institución, pero soy un tipo que transita la universidad, y la rebeldía tiene mucho de pendejada trasnochada.
Pero esto es un grupo de trabajo. “Grupo de tareas” es una definición que le sienta mejor. Académico y parapolicial.

Buenos Aires, 19/20 de abril de 2010

Pablo Moreno

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2 comentarios el “Lecciones de literatura norteamericana. 1ra lección: afirmación del individuo.

  1. Yo estaba allí, sigo a Picazo con Fervor… Ya perdí la cuenta de las veces que curse su materia.

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    • Tengo entendido que esta por salir una traducción de Costa Picazo de Whitman. Y si, hay tipos que hacen un aporte invalorable y son ignorados o ninguneados.
      Es una gran cátedra. Se lee muy buena literatura.

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