Deja un comentario

A tarascones

Y por primera vez entro a la sala de profesores en Púan. Tengo un pañuelo descartable en la mano para secarme el sudor de la frente. La tarde es húmeda, plomiza y llovizna de a ratos.

Laura está sentada, la sala esta casi vacía. Laura está crispada, responde mails mientras habla conmigo. Llama Ana y dice que le robaron el celular. No salgas sola de casa a la tarde, no hay nadie en la cuadra, le recrimina sin vehemencia Laura, lamentándose, sus modos de ahuyentar el miedo. Le digo que vayamos enfrente a tomar un café.
Cuando nos sentamos en el bar entra un conocido. Ahora reparo que cada vez que lo cruzamos nos quedamos en silencio. Debe ser el único tipo que despide un resplandor en esta facultad. Kill your idols pienso. Laura me dice siempre está acompañado de tipos lindos (cuando no son muy putos) y sí, el tipo que acompaña al ídolo pop es apuesto, pero esta mariconería no se la digo… tampoco que siempre me fijo en los tipos que tienen estilo. Nos reímos.

Laura me dice que se peleó un poco con Hugo y que uno de sus problemas es que siempre cuenta lo que conversa con sus amigos. Le digo que el mundo no es tan amplio como para no contar lo que le pasa a uno en su vida. Somos pocos. Siempre uno se pelea con sus afectos y con Hugo se impone la tiranía de la palabra escrita producida a la distancia. La palabra escrita en una conversación no tiene matices.

Uno se pelea con los afectos. En casa hay calma pero estoy angustiado. Será que necesito del contacto físico de la persona que amo para templarme.

Pero hace tiempo que no tengo material para escribir una de mis crónicas y si hablo de mí es solo para desviarme o extraviarme. Saboreo lo que dice Laura. Siento que puede a ir a parar a una hoja en blanco.

Entonces llama por teléfono Andrés y Laura dice perdoname pero no tengo crédito en el celular. Se lo dice ladrando. Atarasconeando. Perdoname, atarasconea y corta. Laura, le reprocho. Sí, ya sé, prometo cambiar me dice riéndose. Por supuesto que no le creo.
Laura me regaló un libro de G. M. Tavares que hojeo por encima mientras viajo en el colectivo, pero me pongo a leer el libro que me envió Hugo: Claridad del saltimbanqui. No soy lector de poesía. A la segunda hoja me encuentro con lo siguiente:

dos poetas que dicen ser de mis lectores
se le plantaron mal a Sofía Bonorino
cuando hizo algún elogio
de Viento del Noroeste
en Roosvelt y Triunvirato
bar de la U.

Al bar lo conozco. Está a dos cuadras del trabajo de Viviana. Nunca me senté a tomar un café ahí. Y sigo leyendo. Mis odios los mimo, contra la puta doxa psicologista que dice que no odiemos me escribió Hugo alguna vez en un mail. No me interesa la rima ni la métrica porque no sé de esas leyes y porque prefiero la musicalidad de la lengua:

el habitar poético
corre como la peste
entre los hacedores de versos
que son mentira
ningún ritmo
estos fabricantes de esencias

Claridad del Saltimbanqui-Hugo Savino


Y entonces me pregunto qué es lo que hace volver a esta escritura. Y la respuesta estaba ahí. El universo familiar. Escribe en la lengua a la que pertenezco. Leemos y odiamos con la misma pasión: las bovary sólo ven esquemas. El poema-ensayo sólo puede ser producido desde la lengua que habitamos. Sigo leyendo y me río. Termino el libro y lo vuelvo a leer. Devorándolo. A tarascones.

Buenos Aires, 23 de febrero de 2011.

Pablo Moreno

(Claridad del Saltimbanqui de Hugo Savino
http://edicionescadatanto.blogspot.com
edicionescadatanto@gmail.com)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: