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El amor a los veinte años

Hacia el año 1986 Leos Carax estrena Mauvais Sang (Mala Sangre), segundo opus luego de su ópera prima Boy meets girl de 1983. El enfant terrible había alcanzado la madurez con sus escasos 25 años en el panorama bastante alicaído de la cinematografía gala de aquella época.

Desde la nouvelle vague, el cine francés narra su contemporaneidad desde las calles de Paris. En Mauvais Sang las referencias al SIDA (hay un virus, el STBO, que mata a aquellos que hacen el amor sin sentimiento) instalan al film en ese espacio que es puro presente, y Carax supo comprender que ese presente se narra desde la modernidad. Y para Carax la modernidad es el cine de Godard no solo en sus aspectos formales, sino también en la elección de colaboradores habituales (Godard siempre realizó sus films con un mismo equipo técnico que fue cambiando en distintas épocas, lo que le permitía rodajes rápidos y producciones eficaces). Establezcamos paralelismos: Coutard-Escoffier (iluminación), Belmondo-Lavant (héroes desesperados) o Anna Karina-Juliette Binoche (las heroínas desestabilizadoras). El cine de Godard siempre fue y es la narración del presente y pensemos en la guerra de Argelia en Le petit soldad o la premonición del mayo francés en La Chinoise.

 
Todo lo dicho anteriormente es una indudable relación de filiaciones y de apropiación por parte de Carax. Si entendemos el gesto moderno como una expresión vital es porque el artista capta aquellas fuerzas que en la contemporaneidad flotan en el aire. En Carax el pop de los 80s y el lenguaje emergente del videoclip. Años después Carax estrellaría esa percepción en el decorado artificial de un puente. Les amants du pont-neuf (1991), obra maldita en su concepción dejaría el sinsabor de una obra fallida a secas.

 
La historia del cine olvidaría toda la promesa que implicaba el cine de Carax y el romanticismo de su actor fetiche Denis Lavant porque el cine no entiende de derrotas. La crítica francesa empieza a mirar hacia otra cinematografía: la asiática y especialmente el eje Hong Kong-Taiwan.

Chunking Express (1994)

Hacia el fin de milenio los cuerpos se narran desde el stop motion y la cámara en mano (con o sin steady) que profundizan y a la vez desdibuja el paisaje urbano. Wong Kar-Wai (otro gran apropiador del lenguaje) provocará el tembladeral con el díptico Chunking Express (1994)/ Fallen Angels (1995). Tsai Ming-Liang y Hou Hsiao Hsien narrarán el deambular del cuerpo joven (en la urbanidad y en el plano cinematográfico) con un sentido más reflexivo y estático.

Fallen Angels (1995)

En Mauvais Sang, hay una escena que es un travelling siguiendo al personaje de Alex (Denis Lavant) en lo que es una carrera que puede significar muchas cosas: una vitalidad, una coreografía de danza moderna o un cuerpo desesperado por entrar en el encuadre. Carax omite el sonido ambiente reemplazándolo por una canción pop (Modern love de David Bowie). El movimiento del travelling se acelera a la velocidad de la canción y concluye con una frenada intempestiva, pero en donde debería estar el sonido de unos pies frenando en el asfalto, esa lógica sonora es sustituida por el ruido de una púa deslizándose sobre un vinilo provocando un defasaje entre la banda sonora y la imagen. Iluminaciones del cine moderno que en un instante (un travelling y una canción pop) devino escandalosamente actual. Nada de rupturas. Moderno, joven y feliz.

Pablo Moreno

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